Creo que hoy he tenido bajón más grande de todos los que he vivido por este país grisáceo. Este tiempo ayuda poco a la mejoría del estado de ánimo y, es cierto que, tanto en Londres como aquí, en Luton, he tenido muchos días tristes, la mayoría sin sentido. Creo que el cielo no anima a sonreír.
Pero hoy he conseguido que hasta Arturo me dijera “oooh” con pena. Creía que iba a llevar mejor lo de perderme la Semana Santa, pero creo que el plan alternativo que una vez propuse con alguna amiga a Tavira (Portugal) me habría animado mucho más.
No sabía que se podía pasar una Semana Santa sin resoli, así que pedí un paquete a España con el antojo (también con unas pipas, que había que aprovechar el envío). A mi depresión pre-sin-turbas se une, de momento, la espera de un paquete que (mucho me temo) no llegará a tiempo para el día que lo quería.
Echo de menos la comida de “rigurosa cuaresma” de la Mariana, creo que un torrija tampoco vendría mal, las calles del pueblo con gente por ellas, las precesiones de Cuenca, las del pueblo y, como negarlo, la fiesta. Las reuniones en el bar de Javi, los encuentros….Estas vacaciones son el momento de encuentros, de ver a gente a la que no ves desde verano y a otra a la que ves desde hace menos tiempo pero, a la que también agrada volver a ver.
A todo debo unir el dolor de espalda que va a acabar conmigo. Debo plantearme seriamente marcar un día, al menos, para ir a la piscina.
A estas horas no se que plan tengo mañana. El jueves pasado fue bastante tranquilo, los estudiantes se han ido a sus casa y la fiesta universitaria descansó y es posible que este jueves descanse aún más (cosa que temo y espero que cambie en el último momento porque quiero brindar por las turbas desde a distancia). Espero que encontremos alguna fiesta en alguna casa cuando cierren el “Amigos” (el pub cierra a la 1).
El sábado pasado estuve en algo parecido a las fiestas adolescentes de las películas, pero con gente de mi edad. Una casa llena de gente, con música, alcohol (no vi drogas y no vi demasiada hormona suelta, creo que había demasiado alcohol en vena de algunos como para ver escenas subidas de tono). Llegue allí con Thomas, después de bailar salsa hasta pasada la 1 de la madrugada (tenemos más marcha que los pubs) y él me dejó allí bastante asustado por el ambiente. Pero no había nada que temer, fue divertido sentirse adolescente de nuevo, aunque más como observador que como participante y un poco fuera de contexto (llegué tarde, no conocía a casi nadie y estaba un poco cansada). En alguna de estas me arrancaré con el “porompompero” (jajaja soy una pesadilla mundial).
Pero el colmo de los colmos ha llegado de mano de una doctora. Si no llega a ser por James yo habría pensado que soy una inútil que no entiende inglés y me habría ido de la consulta con cara de póker y sin rechistar. Pero no, yo entendía perfectamente y James ha defendido mis intereses en inglés mejor de lo que yo podría haberlo hecho en español. Resumiendo la escena, una doctora (o alguien que dice serlo) se ha pasado un rato con mi vacuna de la alergia y mi informe médico en la mano, tratando de aparentar que sabía algo de español (pobrecita mía, lo guapa que habría estado callada) y que sabía algo de medicina. Después nos ha dicho que no podían administrar ese tratamiento porque en este país no lo hay. Le hemos insistido en que en Londres me la pusieron sin problemas y después de alguna que otra pregunta James y yo hemos caído en decirle que el tratamiento lo traía conmigo, que ella lo tenía en la mano (con su agujita dentro y todo) y que lo único que tenía que hacer era ponerme la inyección. (Puedo prometer, y prometo que lo primero que dijimos al entrar fue que iba a ponerme una inyección).
Cuando ya ha caído en la cuenta de lo que tenía en la mano ha decidido ir a preguntar a otro médico (o a otra persona que dijera serlo) y, resumiendo, no le está permitido administrar ese tratamiento porque si tengo una reacción no sabe como tratarme. Me ha dicho que viajara a España una vez al mes a ponerme la vacuna o que el médico viniera aquí…
En fin, no ha habido forma de dialogar con ella. No se si iré a Londres a ponérmela o una amiga de Marta que es médico me la pondrá…
Un desastre de país…
A los que mañana escucharéis esto en directo: disfrutar por mí, yo brindaré con lo que pueda y desde aquí gritaré:
¡¡¡¡QUÉ LO BAILE!!!
